Un beso y para siempre


Contemplaba el frondoso arbol en la esquina de la plaza, los niños corrian alrededor del banquito en un templada y soleada mañana decembrina.

Una menuda y curvilínea figura coronada por su suave cabellera le sacó de sus pensamientos. Alli estaba, con esos ojos y esos labios…

Hola, le dijo. Pensó que dijo hola, pero estaba mudo. Solo pensaba en el nudo en su estómago y el rápido palpitar en su pecho… y esos labios

Se levantó, la miró fijamente, la abrazó y sin mediar palabra la beso suavemente y para siempre.

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