Sol sureño


Un bote a remos recorre el canal a mi izquierda, sigo caminando pero me quedo viéndolo detenidamente.
De pronto estoy embelesado viendo el agua del dique calma y con ligeras ondas, vuelvo a la realidad porque un breve apretón de emoción ocurre en mi estómago, esa agua calmada de ligeros rizos soy yo, así me siento, fluyendo lenta y determinadamente hacia el mar infinito del atlántico sur.
Miro arriba y un cielo azul de una templada tarde de invierno nos acompaña, solo un grupo de moteadas nubes lo adorna, parecen algodones. Otro apretón de emoción me devuelve a ti, que caminas a mi lado, sosteniendo mi mano para que no me eleve y me pierda de tanta felicidad. Pareces sorprendida por mi expresión, un breve beso y un gracias por existir es suficiente explicación. No hay mucho que decir, las cosas buenas y simples son casi inexplicables. Es mi cara de felicidad, tu cabello al viento, las gaviotas del puerto, el infinito sol sureño que nos acaricia y alivia del frío invernal, nuestras manos entrelazadas y el caminar despacio y sin pausa.
Se me ocurre regalarte esas nubes, decirte que me siento saltando sobre cada uno de esos algodones blancos cuando te escucho, así de feliz, así de en paz, así de tranquilo…

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