Brisa de lluvia


Por la venta entra una ráfaga suave de una brisa con olor a lluvia. A la lluvia que cae suavemente sobre Maracay. Un olor que está grabado mil veces en mi, cada una con un recuerdo distinto. Es el olor del patio de la casa de mi abuela los domingos en la tarde, el olor mientras esperabamos a un costado de la calle para continuar el partido suspendido por lluvia. El olor con el suave perfume de mi mejor amiga del liceo que me cuenta un cuento que no atiendo en un banquito debajo de un arbol.
Olor de inocencia y felicidad. El olor del monte con el barro en mis botas de explorador en los cerros de Maracay.
Cada gota de lluvia salpica un grato recuerdo, porque los malos se han escurrido y desaparecido junto a unas hojas de mango recien caidas.
El olor del patio del colegio Marista, atestado de niños con camisas blancas y balones de fútbol por doquier.
Y si, el olor de la lluvia en la Universidad, ahí donde te besé por primera vez. Donde pensé que era imposible ser infeliz. Donde creí que iba a vivir contigo hasta la muerte.
Pues me ha alcanzado la muerte, y aun estoy vivo. Es otra muerte, una cuyo sabor amargo y aroma de derrota no se va con la lluvia.
Es la que nos ha tocado vivir como con un fierro ardiente en el pecho.
Ojalá esta lluvia logre enfriarlo y ya no me queme más.
Ojalá que cuando toque su cicatríz y vuelva a sentir esta brisa de lluvia, solo me acuerde de todo lo bueno….

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